緋村 Kalven

水曜日, 1月 18, 2006

Cuento

El peor lugar para quedar ciego es en el baño de un hotel, ya saben todos esos botones en los sanitarios modernos, pendejadas que se inventan los japoneses y que todo el mundo adopta porque cree que debe estar a la moda, dirán que ya me debía haber acostumbrado, al fin al cabo todos los hogares del mundo tienen uno, pues están equivocados yo sigo la vieja ola, todavía tengo un gran armatroste de porcelana en mi baño.

Como si no bastara con eso la puerta de acceso, cuya cerradura es el publicitado lector de ojos es imposible de abrir cuando no tienes ni iris ni pupila, queda el gritar, ¿has visto el grosor de las puertas de los hoteles? nadie te escuchara, se supone que nadie escucha lo que pasa en los cuartos de hoteles, políticas para evitar que los botones se diviertan escuchando conversaciones o gemidos ajenos. Mi encierro obligado termino dos días después justo cuando se acabaron mis vacaciones, les doy un consejo no compren ojos taiwanases son malísimos, los mejores son los surafricanos aunque sean caros, que esperaban, el diamante no crece en los árboles, por lo menos tendrán garantizado que no se quedaran encerrados en el baño de un hotel.