La historia continua
Ahora sí, la verdadera historia de mi cambio de pelo.
Mi sueño siempre fue entrar en el circo, pero no como payaso (el único
que me gustaría representar sería el payaso blanco, nunca la
deformación colorida que se ve en los circos colombianos).
Me quedaban otras opciones, las cuales fui descartando una por una.
1) El fortachón: Si alguna vez vieron Bugs Bunny, tendrán la imagen
mental de mis músculos, por lo cual el ser el señor grande y fuerte
que levanta grandes pesos estaba muy por fuera de mis posibilidades.
2) El animador: NO, NO, NUNCA me pondré un traje de pingüino.
3) Malabarista: La excesiva enseñanza religiosa que tuve en mi
infancia dio como resultados unas manos muy religiosas, tanto que la
izquierda no sabe (ni le importa) lo que hace la derecha.
4) Trapecista: Mirar el punto anterior; si no puedo coordinar en tierra
mucho menos volando.
5) Domador: Me hubiera gustado domar leones, así que empecé por lo
básico: gatos. Todo iba muy bien pero tenía un pequeño problema, debía
estar a 5 metros de ellos, de lo contrario mi cara parecía como si me
la hubiera bañado con hojas de ortiga.
Alguien me comentó acerca de realizar
un espectáculo con un circo de pulgas. El problema es que esos bichos
berriondos saltan mucho, así que opté por un espectáculo parecido
pero innovador: un circo de PIOJOS. Ahora bien, ¿en dónde crecen los piojos?
Pues en el pelo, así que decidí dejármelo crecer y de este modo empezar a
educar a mis artistas. Cada vez que tenía un rato libre me iba a un
rincón, sacudía mi cabeza y entrenaba a mis acróbatas.
Todo iba muy bien, de hecho ya tenía una entrevista con el señor
Gasca, pero el gobierno promulgó una ley que restringía el uso de animales
en los circos. El señor Gasca no podría aceptar mi espectáculo (además
de tener que renunciar a los tigres blancos con los que supuestamente
podía hablar), así que,
presa de la ira y la frustración, salí corriendo de la carpa y en el baño de mi
casa arrasé con la vivienda de mis pobres artistas.
Nunca pude ingresar al circo y el dios piojo me castigó con la falta
absoluta de cabello por el resto de mis días. Afortunadamente todavía
tengo cejas.
Mi sueño siempre fue entrar en el circo, pero no como payaso (el único
que me gustaría representar sería el payaso blanco, nunca la
deformación colorida que se ve en los circos colombianos).
Me quedaban otras opciones, las cuales fui descartando una por una.
1) El fortachón: Si alguna vez vieron Bugs Bunny, tendrán la imagen
mental de mis músculos, por lo cual el ser el señor grande y fuerte
que levanta grandes pesos estaba muy por fuera de mis posibilidades.
2) El animador: NO, NO, NUNCA me pondré un traje de pingüino.
3) Malabarista: La excesiva enseñanza religiosa que tuve en mi
infancia dio como resultados unas manos muy religiosas, tanto que la
izquierda no sabe (ni le importa) lo que hace la derecha.
4) Trapecista: Mirar el punto anterior; si no puedo coordinar en tierra
mucho menos volando.
5) Domador: Me hubiera gustado domar leones, así que empecé por lo
básico: gatos. Todo iba muy bien pero tenía un pequeño problema, debía
estar a 5 metros de ellos, de lo contrario mi cara parecía como si me
la hubiera bañado con hojas de ortiga.
Alguien me comentó acerca de realizar
un espectáculo con un circo de pulgas. El problema es que esos bichos
berriondos saltan mucho, así que opté por un espectáculo parecido
pero innovador: un circo de PIOJOS. Ahora bien, ¿en dónde crecen los piojos?
Pues en el pelo, así que decidí dejármelo crecer y de este modo empezar a
educar a mis artistas. Cada vez que tenía un rato libre me iba a un
rincón, sacudía mi cabeza y entrenaba a mis acróbatas.
Todo iba muy bien, de hecho ya tenía una entrevista con el señor
Gasca, pero el gobierno promulgó una ley que restringía el uso de animales
en los circos. El señor Gasca no podría aceptar mi espectáculo (además
de tener que renunciar a los tigres blancos con los que supuestamente
podía hablar), así que,
presa de la ira y la frustración, salí corriendo de la carpa y en el baño de mi
casa arrasé con la vivienda de mis pobres artistas.
Nunca pude ingresar al circo y el dios piojo me castigó con la falta
absoluta de cabello por el resto de mis días. Afortunadamente todavía
tengo cejas.


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